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CRAIGMUN

El viernes y sábado pasados, alumnos de Y2L, Y3L & Y4L, participaron, junto a varios colegios de Sudamérica, de una conferencia virtual de MUN, organizada por el colegio chileno de Craighouse. Fue un gran desafío debido a la nueva experiencia que implicó llevar a cabo la conferencia en formato virtual, pero aun así, fueron capaces de adaptarse y superar los nuevos desafíos propuestos, obteniendo muy buenos resultados. Tres alumnos, dos de los cuales participaron por primera vez, lograron que sus resolutions fueran consideradas para el debate, lo cual significa que el resto de los participantes valoraron que cumplían con los requisitos esperados. Estos alumnos fueron; Milagros Beyhaut, Victoria Coiran y Bautista Martinez. Se debe destacar también, la participación de Carmen Gomensoro, Agustín López, Valentina Guelfi, Skye Atkins y Francisco Fulquet. Todos estuvieron a la altura de las circunstancias, tanto en la instancia de research como el día de la conferencia. Si algo nos ha enseñado este año, es que debemos estar preparados para adaptarnos a situaciones novedosas, y nuevamente nuestros alumnos, mostraron que a pesar de las adversidades, sus genuinos intereses por problemáticas de asuntos globales, en materia social, política y ambiental, pudieron más. Ahora, el Club MUN se prepara para la próxima conferencia virtual, la cual será llevada a cabo por el International College a finales de noviembre.  

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"TODOS SOMOS MARGINALES" - CLUB FILOSÓFICO

El título “Todos somos marginales” puede sonar fuerte. Sin embargo, en este encuentro del Club de Filosofía de TBS, celebrado en forma virtual el miércoles 9 de septiembre, nos pareció interesante pensar acerca de la marginalidad para tratar de darle un sentido más honesto a este concepto. Durante la hora y cuarto que duró la charla, llegamos a pensar que hay momentos en la vida en la cual uno es ‘marginado’ y no necesariamente se refiere a lo material. 

Comenzamos viendo un video acerca de la familia Guerra, un padre, madre y dos hijas de España que están viajando por el mundo en una casa rodante y ahora están pasando por Uruguay. “Es una casa chica, pero un jardín inmenso,” explicaba la madre aludiendo a la experiencia global y multicultural que están viviendo al dejar todo y adoptar una vida de nómades. Reflexionamos que, a pesar de lo dinámico y variado que puede resultar esta experiencia, las chicas no tienen vida escolar, clave en su socialización. En cierto modo, los padres optan por marginar a sus hijas para ofrecer una educación más libre y heterodoxa.

Con esta introducción planteada, deliberamos acerca de qué es la marginalidad. Entendimos que por su etimología implica que los marginales están por fuera del discurso hegemónico, al margen de la sociedad. Hay un grupo social dominante y el marginal está aislado. Sin embargo, pensamos que también puede ser una sensación perceptible en un grupo reducido, como en una familia o cuando uno no cumple con las normas o expectativas.

Ergo, llevado a un plano personal, se puede decir que “todos somos marginales” cuando uno no piensa igual que los demás. Por ejemplo, el vegetariano o el hincha de un cuadro chico son marginales al discurso de la mayoría, sobre todo si uno se anima a discrepar. A veces, “being true to yourself” lleva a una cierta marginalidad.

Pensamos que este proceso puede doler. Como seres sociales que somos, según Aristoteles, al sentirse aislado debemos afrontar el precio de ser auténticos, de elegir nuestras prioridades, negociando la personalidad. En “Así habló Zaratustra”, en las enseñanzas Nietzsche describe que el profeta a veces se sintió solo en la montaña. Sin embargo, estar marginado puede ser parte del proceso de ser auténticos. O sea, si nos auto-marginamos puede ser parte de una búsqueda de identidad. Es más complejo cuando las causas de la marginación son externas o fuera de nuestro control, como la pobreza, trastornos mentales o alimenticios.

En esto de estar marginado, por voluntad o por causas sistémicas, pensamos que existen mecanismos que nos hacen sentir menos solos, que nos pueden ‘desmarginalizar’. En las redes sociales, por ejemplo, abundan grupos de muchas miradas creativas y gustos compartidos. ¿Quién determina lo ´marginal´? Uno siempre es marginal cuando sale fuera de su contexto. Para una cultura occidental centrada en la mirada europea o norteamericana, lo latinoamericano puede ser marginal. Se puede decir que el reconocerse marginal es parte de reclamar la propia identidad.

Ejemplificamos con la serie en Netflix “Poco Ortodoxa”. En cuatro capítulos narra la autobiografía de una mujer judía de 19 años que huye de su matrimonio arreglado por la comunidad ultraortodoxa Satmar en Williamsburg, un barrio de New York, y se muda a Berlín. El precio de su autoliberación es que termina siendo marginada tanto por su comunidad de origen y por los universitarios donde intenta integrarse. A veces pensar en “la otredad” tiene más que ver con uno de lo que se cree.

Al final, si vivir es como bailar, como pensaba Nietzsche, seguir en tiempo, la sincronización, escuchar la música dentro de ti, es un proceso que puede resultar difícil o llevarnos al margen de lo esperado. Hay que rescatar la marginalidad, como durante el proceso de filosofar que a veces implica desnaturalizar y pensar las cosas de otra manera.

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WORKVIEWS PANEL 2020

A live panel on Entrepreneurship was organised within the framework of activities designed to accompany 4YL, 5YL and 6YL students in their transition from School to University and later into the world of work. The aim is to build bridges between these different stages.

The British Schools community is grateful to Joaquín Morixe, Francisco Ravecca, and Ana Lockhart for sharing their experience and knowhow,   to the Parents Committee for the organization of the event and the 5YL Prefects for their contribution in the articulation of the audience and presenters.

 

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ABOGADO Y ESCRIBANO POR UN DÍA

Felicitamos a los alumnos de 5YL y 6YL que el sábado pasado compitieron en el concurso de la UM "Abogado y escribano por un día". Los alumnos debieron defender oralmente y en equipos los alegatos que habían presentado previamente y por los cuales habían tenido la chance de disputar esta segunda fase del certamen. Aunque ninguno de los cuatro equipos quedó entre los cuatro finalistas, todos se comprometieron con esta actividad que requirió poner en juego habilidades argumentativas y retóricas, así como manejo de conceptos técnicos jurídicos.

¡Gracias a Gonzalo Fernandez y Diego Paseyro quienes acompañaron a los estudiantes este fin de semana! 

 
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ABOGADO Y ESCRIBANO POR UN DÍA

Como todos los años, la Universidad de Montevideo lleva a cabo un concurso destinado a alumnos de bachillerato de colegios y liceos públicos y privados, donde se les presenta a los alumnos un caso, y a partir de allí, se le asignan roles; Demandantes o parte actora o demandados. 

El concurso tiene una primera instancia escrita, donde los alumnos, en grupos de dos o tres integrantes, deben presentar el alegato escrito, y luego, de pasar a la siguiente fase, deben defenderlo de manera oral. 

Este año, en el colegio se presentaron cuatro equipos, todos defiendo la parte actora o demandante, con un total de diez alumnos involucrados, entre 5YL y 6YL, y todos lograron pasar a la segunda fase, sobre un total de cien equipos, aproximadamente. Veinticinco en total fueron los clasificados.

Haber pasado a la siguiente fase les representa a cada alumno un 20% de descuento del total de la carrera, y podría elevarse al 50% para el equipo que termine primero

En un trabajo en conjunto que involucró a las asignaturas de Derecho y Filosofía, los alumnos debieron trabajar colaborativa y autónomamente, para sacar a la luz sus habilidades en el manejo del herramental jurídico, lógico y argumentativo. 

La instancia oral será virtual el próximo sábado 12 de septiembre, y los alumnos deberán ahora, poner en juego habilidades de oratoria y retórica para defender el buen trabajo que llevaron a cabo de manera escrita. 

 

 

Los equipos estuvieron integrados por los siguientes alumnos:

 

Paulina Barcia

Santos Figueroa

Agustina Ruiz

 

Lucas Fernández

Benjamín Recht

 

Jimena Deleón

Martina Piaggio

 

Tiago García

Malena Jorba

Valentina Monsuárez

 

 

 

 

 
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CLUB FILOSÓFICO

El jueves 13 de agosto, el club de filosofía se reunió para filosofar sobre un título un poco surrealista: “esto no es una pipa”, una alusión a la obra de Rene Magritte. Dicha obra presenta una pipa perfectamente ilustrada y con el subtítulo que reza, “esto no es una pipa”. La obra se llama “La traición de las imágenes”.  

Magritte ironizó con su obra, diciendo, “obvio que no es una pipa, solo intente fumar tabaco con ella y va a ver”. El pintor hacía referencia al hecho que muchas veces confundimos la representación de la cosa con la cosa en sí. Este fue nuestro punto de partida. ¿Nos vinculamos con la esencia de las cosas o de las personas, o solo con su representación?

La palabra “representación” denota un “re” significado. En nuestro mundo posmoderno, muchas veces la realidad se representa en los medios con intenciones de gestionar nuestras emociones, devaluando la realidad. Pero, ¿existe una verdad objetiva? ¿Podemos acceder a la verdad? ¿O será, como decía Nietzsche, que sólo existen interpretaciones? 

La cuestión de la verdad ha sido muy discutida entre filósofos por mucho tiempo. Los que formamos parte de este club nos gusta pensar que se puede seguir aprendiendo, no solo de los “poetas muertos”, sino de lo que nos hacen replantear, en relación a nuestro contexto, histórico y social. Es un ejercicio sano y muchas veces sorprendente. 

En este encuentro conversamos cómo a veces nos escondemos de la verdad. Aunque tal vez no exista como tal, una verdad objetiva, como los esclavos de la caverna, preferimos vivir la ilusión, por miedo a lo desconocido. Optar por lo conocido es más confortable. Esto lo vemos en actitudes de no pensar a largo plazo, buscar la gratificación instantánea, lo que una alumna llamó, “las verdades del momento.” La realidad, el verdadero ser de las cosas, es más complejo, ya que se interponen discursos de poder, relatos, valores, lenguaje. A veces es más fácil no pensar tanto. 

Y sin embargo, nos gusta pensar. Observamos que la filosofía no sirve, en términos productivos, pero te hace pensar. La lógica de la productividad dice que todo tiene que servir, todo debe tener una utilidad. En este caso, se puede decir que el Club de Filosofía sirve para complejizar la realidad. En esta oportunidad nuestra conversación nos llevó a pensar en Platón, el viejo maestro. Para él sí existía una verdad objetiva, las ideas, las formas. Sin embargo, en términos platónicos a esta verdad solo accede la aristocracia, los iluminados. No nos parece muy democratico. Es más, lo pensamos como algo parecido a una devoción religiosa. Como decía Nietzsche, “el cristianismo es platonismo para el pueblo”. 

Entonces, si hay una verdad pero solo acceden los iluminados, ¿qué pasa con el resto? Y en realidad, pensamos, muchas veces no nos interesa la verdad, estamos cómodos con la apariencia de las cosas, su fácil y accesible representación. Ciertamente los medios de comunicación eligen los titulares. Sin embargo, para los sofistas, la realidad, la verdad, es siempre una construcción: histórica, social, cultural.  El arte también nos puede ayudar a acceder a la verdad, sobre todo cuando sentimos que “algo verdadero late allí”. 

Concluimos que es bueno pensar y que podemos construir conocimiento entre todos. “Ni calvo, ni con dos pelucas”.  El científico no es un sacerdote, ni el artista es un hippie, tomado este último en sentido peyorativo. Podemos interpretar la verdad de muchas maneras, solo se precisa pensar, dudar. Y en este espacio del club de filosofía, este pensar es horizontal, entre profesores y alumnos, sin rendirle culto a lo cuantitativo.  

Finalmente, quedó planteada la siguiente pregunta: ¿Cómo reconocer si alguien busca la verdad en forma genuina?

 

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Club filosófico - “Nunca es tarde para decir adiós”

Nuevamente el Club de Filosofía aprovechó la instancia pandémica para profundizar nuestras reflexiones. Con el paso del tiempo los que formamos parte de este Club valoramos estas reuniones que nos permiten un verdadero encuentro de ideas, entre amigos y conocidos, entre profesores y alumnos. En esta oportunidad nos encontramos online para filosofar sobre “el cambio” bajo un título con clave poética: “nunca es tarde para decir adiós”. 

Comenzamos con una alegoría, “el barco de Teseo”. En este relato, el barco cruza de Creta rumbo a Atenas, y en el medio se le van cambiando sus partes. Al final del viaje, todos los tablones se han cambiado, pero sin embargo sigue siendo el barco de Teseo. Este fue el disparador para pensar colectivamente sobre la identidad, el cambio y la permanencia. 

La mirada poética la pusimos con el título, haciendo referencia al hecho que si uno actúa con libertad siempre es posible despedirse de algo o alguien con quien uno ya no se siente identificado. Pero en estos cambios inevitables, ¿que se pierde y que es lo que permanece?  En estos tiempos de pandemia, ¿qué hemos dejado atrás y que sigue siendo igual?

Como es habitual, la discusión fue plural y participativa. Se van arrimando nuevos integrantes al Club, el cual se compone de docentes y de alumnos de cuarto a sexto de liceo. 

Una primera reflexión fue biológica. El cambio es natural, incluso saludable a nivel celular. Sin embargo, la neurociencia ha descubierto que las únicas células que no cambian son las neuronas. Parecería que el cambio físico es un proceso natural corporal, pero es en el cerebro donde podríamos decir que hay una permanencia. Vimos que en esto de filosofar podemos abordar perspectivas de otras disciplinas.

Luego pensamos sobre la cuestión de la esencia y la conciencia. ¿Qué es la conciencia?  Esta pregunta filosófica es escurridiza y ni la neurociencia misma lo ha podido definir. Nosotros lo pensamos como esa narrativa interna que nos permita tener un hilo conductor en nuestras vidas. Se vincula con los recuerdos a base de los que construimos nuestra identidad. “Lo que no cambia es el pasado'', dijo un alumno. Otro planteó, “lo que más cambia es el pasado,” y agregó, “ya que podemos cambiar nuestra perspectiva sobre él”. El hecho de que podemos ajustar las narrativas que construimos sobre nuestras vidas implica que hay un margen de acción y libertad acerca del significado y resignificado de los eventos que vivimos. Es ahí donde se puede decir que “nunca es tarde para decir adiós”.

Nos propusimos pensar sobre dos filósofos presocráticos, Heraclito y Parmenides y sus postulados aparentemente opuestos sobre el cambio. Según Heraclito, la vida es cambio.  “Nunca entras en el mismo río dos veces,” decía, porque el río cambia y tú también. Parménides decía, “todo cambio es ilusión.”  El Ser es eterno e inmutable. Mientras conversamos, vimos que estas dos posturas pueden reconciliarse si uno es consciente de que cada uno tiene una “esencia”. Puede suceder que el cambio sea un modo de acceso a esa verdadera identidad. 

También reflexionamos que esta capacidad de atender estos temas de cambio y permanencia, modernidad y tradición, conciencia e identidad, es un privilegio. Estamos en un contexto cultural favorable que nos permite tiempo para poder cuestionar nuestra identidad. En el “wild west”, mientras la premisa principal era no ser alcanzado por un disparo, no había mucho tiempo para detenerse a pensar en estas cuestiones. No obstante, tiene mucha relevancia para nuestra vida personal, sobre todo si pensamos en cuestiones de género o ideología. Tener las necesidades básicas resueltas nos permite filosofar sobre la identidad. El cambio implica que uno evoluciona. Como se preguntó un docente, “¿encuentro quien soy o construyo quien quiero ser?”.

Fuimos llevando la conversación a una pregunta concreta: ¿asusta el cambio?  Con mucha madurez, los alumnos reconocieron que el cambio puede dar miedo, sobre todo si el cambio implica entrar en terrenos desconocidos.  El cambio puede demostrar que hay algo que está fuera de nuestro control, como la muerte. También, cuando uno expresa un cambio frente a los demás asusta cómo pueden reaccionar.  “A los dieciocho años le decimos chau a la infancia.  Eso puede asustar,” reflexionó una alumna.  Sin embargo, esos cambios son prueba de que estamos vivos. Es importante poder mirar atrás y despedir lo que fuimos, tranquilamente, contentos con el conocimiento, inteligencia y sensibilidad adquirida. Hay que valorar las cosas que uno decide, sobre todo si te acerca a “quien eres”.

El tiempo y la soledad también fueron objetos de reflexión filosófica en este encuentro del Club. Desde el punto de vista de la física, el tiempo está ligado con el espacio y llevado a un plano filosófico se puede decir que el tiempo es el ser de las cosas. Es una idea metafísica que cuesta entender.  Si es como dice Parménides, que el cambio es apariencia, es la esencia que permanece en el tiempo. Nos preguntamos también, ¿Cuál es la esencia? ¿Estamos en contacto con nuestra esencia cuando uno está solo o con otro? Los demás nos dan sentido a esta identidad que podemos encontrar en soledad. Sin embargo, ¿por qué hay gente que desaprueba nuestros cambios? Pensamos en la psicología para responder esta pregunta, porque según Jung, a los demás lo que molesta es “la sombra de uno mismo” que ven reflejado. O para la antropología, la aprobación es la forma a través de la cual un colectivo puede crear sociedad. 

Terminamos con una reflexión sobre la literatura y cómo esta disciplina también puede iluminar cuestiones filosóficas, por ejemplo sobre la identidad, la permanencia y el cambio. Oscar Wilde comenta en una obra, “perdon, no lo reconocí, es que he cambiado demasiado.”  O Lawrence y Lee en “Inherit the Wind” observan, “yo no he cambiado. Eres tú el que se ha alejado quedándose quieto”. En la literatura vemos la inevitabilidad del cambio, y también sus consecuencias sobre los que nos rodean. Pero ese cambio puede ser necesario si nos acercamos hacia nuestra esencia. Fernando Pessoa dice que hay momentos en que debemos abandonar ropa vieja o caminos que “llevan siempre a los mismos lugares”. Al no hacerlo, corremos el riesgo de “quedar al margen de nosotros mismos.”  

Esta última reflexión nos hizo pensar en Nietzsche y su insistencia en aceptar el cambio sí implica generar “potencia creadora”. Después de conversar sobre estos temas en una hora y media, vimos lo fructífero que es cuestionar y filosofar. Una sola disciplina no resuelve todos los temas, pero entendimos porque la filosofía puede funcionar como “el gran fogón” sobre el cual todas y todos nos encontramos. 

 
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Club filosófico - VIVOLANDIA; Ser es Ser percibido

Seguimos filosofando en cuarentena. Este jueves 25 de junio, nos reunimos online para conversar sobre los vivos, o live shows, en social media y sus implicancias. Nos llamó la atención cómo un show en vivo puede parecer tan espontáneo pero a su vez es una instancia muy calculada. Los artistas que promueven los ‘vivos’ son muy conscientes de su impacto.  

Diego Paseyro nos contó una anécdota sobre el gato del filósofo francés Jacques Derrida. Resulta que una vez el filósofo salió de la ducha en su casa y su gato lo vio desnudo.  Derrida sintió pudor y se preguntó por qué se sentiría vergüenza. Se dio cuenta que nos configuramos con la mirada del otro. Su sentimiento era producto de una proyección de su propia mirada. Ergo, ser es ser percibido.  

Esta frase nos hizo pensar sobre cómo son los medios sociales hoy en dia. Parecería que si no hay percepción de los demás, si no hay “likes”, no existe la cosa. Entonces, nos preguntamos, ¿Qué implica ser espontáneo? ¿Se puede ser espontáneo en una sociedad tan calculadora?   

Comenzamos intentando definir la espontaneidad. Pensamos en que es una llamada a actuar frente a una situación, como algo instintivo. También lo asociamos con el error, porque ser espontáneo es dejar de medir consecuencias. Es dejar de lado el cálculo. Ser espontáneo es ser inconsciente, actuar sin pensar, sin un “yo” consciente de por medio. 

Luego nos preguntamos si entonces al ser espontáneo nos estamos realmente mostrando el “yo” real, como una manifestación del “yo” auténtico, o si no es más bien una liberación del “yo”.  Para Nietzsche, el “yo” es un “campo de batalla”, porque uno no siempre se manifiesta igual de la misma manera en todas las circunstancias. 

Sin embargo, frente al acto espontáneo, que puede resultar en un error, muchas veces juzgamos a la persona. En un terreno virtual de abundante “social media”, vemos que existen muchos #haters y #trolls que juzgan comentarios o posts por revelar aspectos no políticamente correctos. En la red Tik Tok, existen campañas de “hate on” cuando un usuario hace un vivo espontáneo y usa una palabra incorrecta en un momento inoportuno y de esa manera arruina su carrera en esa plataforma.

Parece entonces que ser espontáneo no es permitido en una cultura que no permite el error. Hay una crítica continua y la exposición tiene consecuencias para los que no actúan en la forma que corresponde. Difícil es ser auténtico, libre, espontáneo o “random” en este contexto que todo juzga. Es más conveniente ser calculador. 

Hablamos de Freud y su teoría de que la psiquis humana es como un “iceberg”, solo somos conscientes de lo que sobresale. Si no permitimos que seamos espontáneos, sólo estamos respondiendo a lo que Freud denominaba el “super yo”, solo somos funcionales a la sociedad y no a nuestro propio ‘ego’ ni nuestro ‘id’.

Hablamos de Sartre y su distinción entre conciencia de primer y segundo grado. Si uno es realmente espontáneo solo nos damos cuenta a posteriori, o sea en retrospectiva, un ejercicio de conciencia de segundo grado. Pensamos en el alcohol y el supuesto que al tomar somos más espontáneos. Hay una noción equívoca que solo por tomar revelamos el verdadero “yo”.  Sin embargo, estas acciones son juzgables también, sobre todo la primera decisión que es decidir tomar. 

Hablamos mucho del humor. Bajo la consigna del humor se puede decir lo que uno piensa y esquivar lo políticamente correcto. Entendimos que el humor crea un contexto que permite más libertad. Vimos como la validez de lo espontáneo es correcto en un contexto apropiado. Trazamos un “link” con Aristóteles quien decía que enojarse es fácil, pero enojarse con la persona correcta, en el momento correcto y por el motivo correcto, es lo más difícil.  Si el chiste no se entendió, falló la comunicación.

En conclusión, pensamos que hablar de los vivos, en nuestro contexto tan virtual y viral, pone ciertos límites a la libertad. Pero vivir siempre es una dialéctica con el entorno. Esta lectura del entorno nos permite ser espontáneo o auténtico, pero parecería que hay límites del libre albedrío, si es que existe. 

 

 

CLUB FILOSÓFICO - ME ABURRO LUEGO EXISTO

Club de Filosofia: Segundo encuentro en cuarentena - filosofando sobre el aburrimiento

Todo ejercicio filosófico busca dilucidar algo de la condición humana. Es una actividad que no aburre al que está compenetrado con la tarea. Y sin embargo, para el de afuera le puede parecer tedioso y poco divertido; en otras palabras, aburrido. ¿Que es estar aburrido? De eso conversamos en este segundo encuentro del Club de Filosofía en esta modalidad virtual.

El título del encuentro es un guiño a Descartes. La máxima cartesiana, pienso luego existo, se refiere a hecho de poder pensar como evidencia de existir. En esta ocasión extendemos el razonamiento. Si me aburro, es por que existo.

Comenzamos con un juego virtual. Una rueda que gira y los alumnos responden sobre el color más aburrido, la asignatura más aburrida o la tarea doméstica más aburrida. Como era de esperar, no todos coincidimos en estas apreciaciones. El aburrimiento tiene un componente subjetivo, muchas veces condicionado por las experiencias personales. 

Luego intentamos definir esta sensación: un sentimiento incómodo, algo que hay que evitar, falta de interés o motivación. Este concepto del aburrimiento nos hizo pensar que en realidad es un encuentro con uno mismo. Esto puede provocar un poco de miedo o incertidumbre, y entonces lo tratamos de evitar. “Nos queremos saturar de actividades,” dijo una alumna. 

Y de ahi en mas, viendo que tal vez no esta tan mal aburrirse para conocerse a uno mismo, reflexionamos colectivamente. Pensamos que el estar aburrido, puede preceder una actividad, puede ser “el predecesor de la creación.” También, para algunos, estar aburrido implica no tener deberes, estar sin responsabilidades inmediatas. Es una sensación de libertad. Me aburro porque no tengo obligaciones. Diego Pasyero nos recordó Heidegger, que decía que en última instancia, “soy yo y el tiempo.” Aburrirse es estar enfrentado con uno mismo y nos vincula con el ser y la nada; es decir, la libertad. 

Por ejemplo, al aburrirse uno puede pensar en estímulos, “antídotos del aburrimiento”; Música, literatura, algún proyecto, incluso meditar. Viajar, algo que no está permitido en este momento, es un gran estímulo. Viajar nos da energía y nos permite salir de la repetición y de la rutina. Uno se siente renovado, oxigenado. Recordamos a Elizabeth Gilbert quien al estar aburrida con su vida, buscó darle más sentido a su existencia y viajó por el mundo y luego escribió “Eat, pray, love”.

Reflexionamos también cómo “la sociedad del espectáculo”,citando a Vargas Llosa, te exige no estar aburrido. Existe una abrumación de estímulos. Las redes sociales, los celulares y sus apps, los influencers, mientras que la publicidad hace que resulte difícil apagar esos estímulos. Para atajar el aburrimiento buscamos gratificación instantánea. Tal vez esto no nos permite conectar con el peso de nuestra propia existencia, para evitar un aburrimiento existencial. Si la vida es una narrativa, sentimos la obligación de ser un protagonista divertido, y mostrarnos como tal en las redes. 

Al final vimos que uno no siempre puede estar divertido. Aburrirse en realidad puede ser un momento genuino para conocerse a uno mismo. Este ejercicio filosófico nos hizo pensar que no todo es tan relativo, y meditamos sobre lo tentador que es culminar, luego de cada discusión, con la expresión, “es subjetivo.”  El subjetivismo radical inhabilita mirar objetivamente la condición humana y sacar algunas conclusiones. Aunque lo que nos aburre, pueda ser, en parte subjetivo, el esfuerzo intelectual de aprovechar ese momento para conocerse a uno mismo merece ser provechoso.  

 
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FILOSOFANDO EN CUARENTENA

El jueves 28 mayo, el Club de Filosofía se reunió online para ponerle una mirada filosófica a esta pandemia. No nos detuvimos sobre lo que quiere decir “ponerle una mirada filosófica” a algo porque sentimos simplemente que estos son tiempos propicios a filosofar. Necesitábamos reflexionar sobre este proceso histórico y lo precisábamos hacer juntos. 

El Club debe continuar. Empezamos nuestro Google Meet con Diego Paseyro exponiendo sobre el título que habíamos elegido con María Acle y Nicholas Drever: “todo virus es político.”  Diego explicó que pensamos en la palabra  en su concepción Aristotélica, del griego polis, ciudad o sociedad. Visto así, hay que entender que el ser humano vive en sociedad, y esta pandemia viral, con su obligado distanciamiento social, nos puede estar enseñando a valorar nuestra necesidad de construir comunidad de otra manera. 

Intentamos poner la filosofía al servicio de la construcción de comunidad. Nos preguntamos, ¿qué hemos aprendido en esta cuarentena?  Y las respuestas fueron variadas: a darle más sentido y valor a la sociedad; a aprender más rápidamente habilidades que ya estábamos adquiriendo; que la velocidad de la globalización, tanto viral como económica o social, es vertiginosa.  

También conversamos sobre el efecto de esta pandemia en el individuo, reflexionando sobre cómo puede ser difícil estar solo a veces. La pantalla no reemplaza el contacto humano con un amigo. Pensamos que siguen habiendo muchas formas de comprar y ser consumista, y de que hay una diferencia entre un  “essential business” y un “non-essential business”; observamos que el ser humano inventó la economía para servir nuestros intereses pero tal vez solo servimos los intereses de la economía. Este momento nos hizo pensar que a veces no sabemos qué hacer o cual es la mejor acción; también que puede haber una respuesta o interpretación más clara si observamos procesos históricos como ciclos; que el progreso no es lo mismo que el crecimiento económico; que la pérdida de una reverencia a dios o un propósito superior, puede producir una caída en un sentido moral objetivo o conectar con una dimensión espiritual no religiosa. 

Fue un encuentro fructífero y fluido.  Nos sentimos identificados y pudimos crear comunidad juntando nuestras voces y mentes en un solo propósito: darle un lugar a la filosofía durante esta pandemia. 

 

 

 

 

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